La historia del Día de las Madres

 

Sin duda, el Día de las Madres es una de las celebraciones más importantes en nuestro país, quizás tanto como la Navidad y el Día de la Independencia. ¿Pero cuál es su origen?

Julia Ward Howe

El germen de la iniciativa estuvo en la activista y abolicionista estadounidense Julia Ward Howe, una de las principales defensoras de los derechos de la mujer en el siglo XIX y líder de la Asociación Americana para el Sufragio de la mujer.[1] En 1872, Ward, quien había conocido a prolíficos escritores de su época como Dickens y Balzac, escribió el Llamado a las mujeres del mundo que más tarde sería conocido como la Proclama del Día de las Madres, a través de la cual exhortaba a las mujeres del mundo a unirse, de manera pacífica, en contra de la violencia y la carnicería desatadas durante la Guerra Civil Estadounidense y la Guerra Franco-Prusiana. La apelación tenía como objetivo lograr que las mujeres tuvieran una participación activa en decisiones de gran importancia política, además de una incidencia directa en favor de la pacificación mundial.

En ese mismo año, Julia Ward intentó establecer el Día de las Madres por la Paz, que se celebraría cada 2 de junio, y en el cual se llevaría a cabo una conferencia “en algún lugar que resulte conveniente, a la brevedad posible, para promover la alianza entre mujeres de diferentes nacionalidades, el arreglo amistoso de cuestiones internacionales”.[2] No obstante, el proyecto fue abandonado pese a sus esfuerzos.[3]

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Anna Jarvis

No fue sino hasta 36 años más tarde que la activista Anna Jarvis fundaría el Día de las Madres. Anna fue impulsada por los ideales de Julia al mismo tiempo que por el activismo que su madre, Ann Reeves Jarvis, desempeñó durante la Guerra Civil, escenario durante el cual, junto con un grupo de mujeres, brindó auxilio médico a los beligerantes de ambas facciones y propugnó por condiciones de salubridad más dignas para el trabajo femenino, en especial de la enfermería.[4]

El 10 de mayo de 1908, Anna Jarvis decidió conmemorar el tercer aniversario luctuoso de su madre con una ceremonia en honor suyo que rememorara sus acciones e ideales. El objetivo era promover el Día de las Madres a lo largo de todo el país. La celebración tuvo lugar en la Iglesia Episcopal Metodista Andrews, en Grafton, Virginia, hoy conocida como el Santuario Internacional del Día de la Madre, y estuvo decorada con claveles blancos (símbolo de la celebración y flor predilecta de Ann Reeves) y otros textos en honor al evento. El 26 de abril de 1910, el gobernador de Virginia Occidental, emitió el decreto por el cual se celebraría el primer Día de las Madres de manera oficial. El eco de la celebración llegó a nuestro país en junio de 1911. El periódico El Faro apuntó:

Al domingo de la Biblia (…) se ha añadido ahora, por iniciativa de Anna Jarvis el “Domingo de las Madres”, que es el segundo domingo de mayo de cada año. El objeto de esta celebración es expresar el amor y gratitud, que hombres, mujeres y niños deben á sus madres. Como dice la iniciadora, “ésta es una idea que debe hallar eco en toda clase de organizaciones eclesiásticas, civiles y militares; que puede interesar á todos, no sólo á los que deben al cuidado maternal los elementos de su carácter noble, sino aun á aquellos que han perdido, ó no han gozado, el privilegio más grande de la vida: la tierna y amorosa solicitud de una madre”. Se ha escogido como flor propia de esta celebración el clavel blanco, representando su blancura la pureza, su fragancia el amor, y su belleza y forma, la felicidad.[5]

En 1914, el presidente Woodrow Wilson oficializó la celebración en todo el país, la cual se extendió prontamente a casi todas las naciones del mundo, en especial a Europa.

El Día de las Madres en México

La celebración del Día de las Madres llegó a México en 1922 por iniciativa del periódico Excélsior, dirigido entonces por su fundador Rafael Alducín, y por el Secretario de Educación Pública don José Vasconcelos. En la publicación del 13 de abril de ese año se lanzó la convocatoria:

Excélsior lanza la idea de que se consagre la fecha mencionada -diez de mayo- de una manera especial para rendir un homenaje de afecto y respeto a la madre; y pide la colaboración de sus colegas y del público para realizar ese levantado propósito.[6]

La idea fue bien recibida por el presidente Álvaro Obregón y, en general, por las instituciones. Así, en el Boletín de la SEP apareció por primera vez un reglamento en el que “El trabajo escolar se suspenderá en los días marcados por la ley, como fiestas o duelos nacionales, el Día de las Madres, el Día del Maestro”.[7]

No obstante, la celebración se hizo oficial hasta los años 40 bajo la batuta del mismo periódico que organizó certámenes relacionados con ese día tan especial.

Hay otras versiones respecto al origen del Día de las Madres en México, tan pintorescas como anecdóticas. Una de ellas afirma que fue un trabajador del Excélsior quien propuso y difundió la idea entre los obreros que allí trabajaban. Estos habrían elegido el 10 de mayo por coincidir con el día de pago, y de algún modo la idea habría sido bien vista, y hasta celebrada, por el director Alducín.[8]

Este y todos los Días de las Madres celebremos honrando a quienes nos han dado lo mejor de sus vidas, pero no sólo con flores y tarjetas, sino con momentos de calidad a su lado.

También honrémoslas reflexionando sobre la lucha que millones de mujeres entablan día a día para lograr un mundo más justo e igualitario.

 

Notas:

[1] Julia Ward fue escritora de profesión y la primera mujer en ser miembro de la Academia Estadounidense de las Artes y las letras. Entre sus obras notables destaca la composición de la letra del Himno de Batalla de la República, la canción más popular entre el ejército norteño durante la Guerra de Secesión.

[2] Julia Ward Howe, “Appeal to womanhood throughout the world”, An American Time Capsule: Three Centuries of Broadsides and Other Printed Ephemera, Library of Congress, 1870. En línea (en inglés): https://www.loc.gov/resource/rbpe.07400300 (Consultado el 4 de mayo de 2021).

[3] LEIGH Eric Schmidt, Consumer Rites: The Buying and Selling of American Holidays, Princeton University Press, 1997, pp. 252.

[4] “The Founding of the mother’s day”, en línea: https://web.archive.org/web/20080227233926/http://www.mothersdayshrine.com/history.php (Consultado el 4 de mayo de 2021).

[5] “El Domingo de las Madres”, en El Faro, México, 7 de junio de 1911, p.5.

[6]  Excélsior, 13 de abril de 1922, p.1

[7] “Reglamento interior para los jardines de niños…”, en Boletín de la Secretaría de Educación Pública, México, 1922, p.151.

[8] Luis Tinajero Portes, Días conmemorativos en la Historia de México, Universidad Autónoma de San Luis Potosí, 1994, p.89.

La Casa de la Educadora: 50 años armando sueños

La Casa de la Educadora cumple 50 años gracias a tu confianza. ¿Quieres conocer un poquito más de su historia? Sigue leyendo.

Si los días fueran piezas de rompecabezas, la Casa de la Educadora sería un rompecabezas enorme: 18250 piezas que conforman un cuadro lleno de formas, colores, historias y, sobre todo, grandes alegrías.

La tienda abrió sus puertas al público en 1970 en la calle de Tejocotes, en la colonia Del Valle de la Ciudad de México. Comenzó como una papelería a la que maestros, educadoras y padres de familia acudían en busca de materiales escolares y didácticos. En sus anaqueles se encontraba un sinfín de artículos para el aprendizaje de los niños: palitos de paleta, corcholatas pintadas, lápices, biografías y monografías de la historia de México.

Entrar a “la Pape” era toda una experiencia para sus asiduos clientes. El olor del papel, del grafito de los lápices y de la tinta impregnada en las láminas educativas, hacía la delicia para quienes llegaban a buscar productos al mayoreo o para hacer la compra de inicios de curso para los niños. Era un tiempo en el que no existían las grandes papelerías de autoservicio y en el que el trato con el cliente era una experiencia obligada y significativa. En la Casa se asesoraba a los padres y a los niños, y se les ofrecían variedades de cartulinas y papeles de colores, monografías, mapas y mapamundis para colorear.

Así, entre calendarios conmemorativos, materiales para las fiestas anuales como la Independencia de México o el Día de Muertos, se introdujeron libros de texto que se vendían junto con paquetes escolares para el inicio de clases, de lo cual la Casa de la Educadora fue pionera.

Con el paso de los años y con una popularidad incrementándose, los clientes comenzaron a buscar materiales especiales, como correctores de escritura. De esta manera, la Casa innovó introduciendo artículos para zurdos: tijeras, plumas, abridores, entre otros. También, fue la primera importadora de las famosas calcomanías con olor y álbumes de stickers coleccionables para motivar e incentivar a que los niños al estudio.

Años más tarde, se llevó a cabo una visita a Estados Unidos que definiría el rumbo de la Casa de la Educadora. Se visitaron tiendas especializadas en juegos y materiales didácticos, comenzando a comprar en pequeñas cantidades y, más tarde, con el crecimiento de la demanda, contenedores completos.

Con productos más especializados, llegó el tiempo de asistir a ferias en Europa y Estados Unidos, lo que posicionó el nombre de la Casa de la Educadora en el mercado. Desde hace más de 30 años, la Casa ha colaborado con la empresa líder en rompecabezas: Ravensburger, de Alemania, convirtiéndose en uno de los distribuidores más importantes de sus juegos y rompecabezas.

Durante todo ese tiempo, se han compartido fuertes lazos con los clientes y los proveedores, promocionando productos al alcance de la economía de las familias y promoviendo la cultura de los rompecabezas, la cual ha ganado cada vez más adeptos y fanáticos gracias a la gran diversidad de material que se ha importado.

La Casa de la Educadora ha cumplido 50 años y se perfila a cumplir muchos años más gracias a las grandes personas que la conforman. Ellos y los clientes son piezas fundamentales de este gran rompecabezas inmenso y colorido que va por más piezas.

¡Gracias a ustedes por permitirnos servirles durante 50 añ0s!

El Día de la Raza en México

En 1929, durante el gobierno de Emilio Portes Gil y por influencia de José Vasconcelos, se oficializó el Día de la Raza como día nacional. Sin embargo, no fue la primera vez que en México se conmemoró el descubrimiento de América. Nos remontamos al año de 1892 cuando, en el marco del cuarto centenario del aniversario de la llegada de Colón, se declaró el 12 de octubre como día de fiesta nacional, enfatizando y celebrando el mestizaje, así como la hermandad de americanos y europeos. Dicha celebración fue todo un acontecimiento en varias ciudades del país, especialmente en la capital. Según testimonios de la prensa, “la ciudad, aun en los barrios más humildes y apartados, se encontraba engalanada […] y los colores del pabellón mexicano se combinaban con los de la bandera española y las colonias extranjeras”. Esta muestra de afecto, fue una clara fraternización con la comunidad de España en nuestro país. Durante dicha celebración, Porfirio Díaz desveló el monumento a Colón que aún se yergue sobre la avenida Buenavista, en la CDMX.

No obstante, con el paso de los años, el entusiasmo y el interés por la celebración ha ido en declive. En 1917, Venustiano Carranza retomó el motivo de la festividad, nombrándola como la conocemos: Día de la Raza. Pero aquella vez el bullicio no fue mayor que una ceremonia solemne en la Universidad Nacional de México.

Tras el decreto oficial de 1929, el Día de la Raza se ha constituido como día de conmemoración sin más trascendencia que la de ser una rememoración histórica para los niños. En la segunda mitad del siglo XX, muchos países hispanoamericanos han optado por cambiar el nombre de la celebración. En Argentina, desde 2007, es el Día de la Diversidad Cultural Americana; en Bolivia, el Día de la Descolonización; en Ecuador, Día de la Interculturalidad y la Plurinacionalidad. Incluso, en Estados Unidos el Columbus Day ha sido motivo para concientizar acerca de las condiciones sociales de las comunidades piel roja.

Desde el siglo XIX hemos celebrado la hermandad del nuevo y el viejo continente, pero quizá sea momento de fraternizar también con los pueblos indígenas. El verdadero mestizaje no es solamente aquella raza cósmica que pensó Vasconcelos, sino una hermandad absoluta con Europa, África, Oceanía, Asia, América y con nosotros mismos. Qué sea la raza y cuáles sean los lazos que nos unen entre razas y naciones, es una de las lecciones que nos deja un día tan importante como éste. ¿Cómo le enseñamos a nuestros niños que la dignidad no tiene que ver con religiones, razas o políticas, sino justamente con la humanidad a todos por igual?

Sin embargo, al margen de estas reflexiones, la historia universal es vasta y muy interesante. ¿Cuál fue la ruta que siguió Colón? ¿A dónde quería llegar? La historia se aprende más si se explica mediante imágenes. En La Casa de la Educadora tenemos el material perfecto: rompecabezas de mapamundis con los cuales pueden aprender en familia los viajes que realizó Colón.

El primer juego de Ravensburger

En 1884, Otto Robert Maier lanzó al mercado el primer juego de mesa de Ravensburger: “Viaje alrededor del mundo” (Reise um die Erde). El juego fue una adaptación de la novela de Julio Verne, Viaje alrededor del mundo en 80 días; los jugadores debían ser los primeros en viajar por el mundo y regresar a Londres usando diversos medios de transporte.

En este juego, cada uno de los participantes (2 a 6 por partida) asume el rol de Phileas Fogg, el caballero británico que emprende la famosa travesía narrada por Verne. Para lograr el objetivo, los jugadores deben usar hábilmente las tarjetas de transporte y tomar las decisiones correctas para completar el viaje. Sin embargo, también deben superar las dificultades que el detective Fix les pone sobre cada paso que dan. El primero en llegar a Londres es el ganador.

Hacia 1987,  Wolfgang Kramer y Klaus Buergle reeditaron el juego.  Actualmente, sólo puede adquirirse en el museo del rompecabezas de Ravensburger, en Alemania. No obstante, en la Casa de la Educadora, tenemos un amplio catálogo de juegos de mesa de la marca alemana, así como rompecabezas.

 

El primer juego de mesa de Ravensburger

La primera escuela de sordomudos en México

El profesor francés Eduardo Adolfo Huet Merlo, quien impulsó la educación para niños con problemas de mutismo y sordera tanto en Francia como en Brasil, arribó a México a principios de 1866 por invitación de Benito Juárez para que instituyera una escuela de sordomudos.

A pesar de que México se encontraba entonces gobernado por el Segundo Imperio, dicha empresa pudo concretarse gracias al apoyo del filántropo mexicano José Urbano Fonseca, quien fuera ministro de Justicia y de Relaciones Exteriores durante el gobierno de Mariano Arista, pues influyó en don Ignacio Trigueros –importante impulsor de la educación inclusiva–, y en la municipalidad para que se financiara la institución, la cual, finalmente, se estableció en la sede provisoria del antiguo Colegio de San Juan de Letrán ese mismo año.

El proyecto de Eduardo Huet y José Trigueros inició únicamente con tres alumnos, mismos que estuvieron a cargo del maestro francés. El 16 de diciembre de 1866, los pequeños pupilos presentaron su primer examen, hecho sobre el que el Diario del Imperio publicó:

El domingo pasado hemos tenido el gusto de saber que en México existe tan importante institución, y de presenciar los exámenes de tres niños sordomudos, de familias pobres, que en siete meses han aprendido el alfabeto, a escribir y que comprenden el idioma de señas de su interesante profesor D. Eduardo Huet, también sordomudo, el cual, por ser francés, tiene el doble mérito de haber enseñado a los niños en español, que escriben con perfecta ortografía.

Un año después, tras la caída del Imperio y con el proyecto de Restauración republicana, Benito Juárez instauró la Ley Orgánica de Instrucción Pública, la cual propició la creación de la Escuela Nacional Preparatoria a través de Gabino Barreda, y de la Escuela Nacional de Sordomudos, dirigida por su fundador Eduardo Huet, estableciéndose en el ex Convento de las capuchinas de Corpus Christi. De esta manera, la Escuela de Sordomudos contó con un plan de estudios oficial: 1) Lengua española, escrita, expresada por medio del alfabeto manual y pronunciado; 2) Aritmética; 3) Teneduría de libros; 4) Catecismo; 5) Geografía; 6) Historia; 7) Historia natural; 8) Horticultura; y 9) Trabajos manuales de bordado para niñas.

Desde entonces, en México se han gestado importantes reformas en favor de la inclusión educativa. Sin embargo, aún deben redoblarse los esfuerzos a través de cambios sociales que permitan la inclusión de las personas sordomudas en estratos cada vez más amplios y significativos. Tal vez, en un futuro, la lengua de señas llegue a ser una materia obligatoria en las escuelas elementales. Aquello sería un gran avance, tanto moral como intelectual en nuestra sociedad.