Los Emulantes. Niños y niñas en la Guerra de Independencia

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Los rostros de la Guerra de Independencia suelen ser los mismos: don Miguel Hidalgo, José María Morelos, Ignacio Allende, Josefa Ortiz de Domínguez o Juan Aldama. Pero la victoria de la lucha armada no sólo se debió a las pericias de estos afamados héroes nacionales, sino que estuvo sostenida principalmente por miles de soldados anónimos cuyas hazañas, sin embargo, han pasado desapercibidas en la memoria de nuestro país. Muchos de esos soldados anónimos fueron, además de comerciantes y campesinos, niños y niñas que se vieron obligados, por diversas circunstancias, a unirse a las filas insurgentes.

Fue así como se creó, durante los primeros años del Movimiento de Independencia, la Compañía de Niños del Ejército Americano, llamada por José María Morelos como el grupo de Los Emulantes (que emulaban o imitaban la gallardía de los adultos más destacados de la gesta). Este grupo sin experiencia bélica, pero con mucho ímpetu, estaba conformado por niños de entre 8 y 16 años que podían sostener un rifle y mantener los ideales enclavados en el futuro de la nación emergente.

Los Emulantes fueron dirigidos por Juan Nepomuceno Almonte, el hijo de 8 años del mismísimo “Siervo de la Nación”, y quien peleó al lado de personajes que serían imprescindibles en nuestra historia patria como Martín Carrera, con 9 años; Mariano Arista, con 11 años y Narciso Mendoza, el “Niño artillero”, con 12 años.

Este último protagonizó una de las hazañas más memorables del grupo de niños militares. Durante el sitio de Cuautla en febrero de 1812, las huestes del comandante Félix Calleja cercaron al Ejército Insurgente comandado por Morelos. Ante los fieros ataques de los realistas, los independentistas creyeron perder el sitio de Cuautla, por lo que comenzaron a retirarse. Sin embargo, Narciso Mendoza, abriéndose paso entre los beligerantes y las balas con una antorcha en mano, logró disparar uno de los cañones causando considerables bajas entre los hombres de Calleja y ocasionando su eventual retirada. Gracias a esto, Morelos pudo entrever la posibilidad de realizar un avance significativo hacia la Ciudad de México y asestar un golpe trascendental en favor de la Independencia.

Mientras los niños se atrincheraban en los páramos sitiados por el ejército realista, las niñas también jugaron un papel crucial durante la guerra socorriendo a los heridos, cargando los víveres y procurando las atenciones necesarias a los soldados para que pudieran seguir luchando. Las más de las veces, fungían como voceras y mensajeras, dando muestras de astucia y un valor inestimable para cumplir con los objetivos de la lucha de independencia.

Así, en el mes patrio, recordemos y gritemos vivas por los niños y las niñas que, viéndose arrastrados a una lucha ajena, pelearon valientemente para que el día de hoy pudiéramos disfrutar de un país libre.

Manuel

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