Primera jornada del Campeonato Mundial de Puzzles.

¡Terminar un rompecabezas en equipo significa la felicidad total! El día de hoy, antes del mediodía, el equipo ruso, compuesto únicamente de cinco dedicadas y talentosas mujeres, se ha posicionado en el primer lugar del Campeonato Mundial de Puzzles, a quien ha seguido el equipo de la República Checa en segundo lugar y otro equipo ruso en tercero. Estas posiciones no son definitivas, pues todavía faltan dos etapas por llevarse a cabo.

En el torneo participaron equipos de distintos países como Uganda, Tailandia y Australia, por mencionar algunos, quienes han demostrado que armar rompecabezas genera y afianza amistades más allá de las fronteras.

Las historias de los participantes también han jugado un papel muy importante en el torneo. Hay puzzleros que han armado rompecabezas de 1000 piezas en 33 minutos y que buscaron romper su récord en este evento. Del mismo modo, los equipos se han enfrentado al reto de armar 5000 piezas en total (4 rompecabezas) en menos de 8 horas. Todo este esfuerzo se verá capitalizado cuando alguno de los equipos alce el bonito trofeo de piedra maciza, decorado con piezas de rompecabezas. El ganador, asimismo, se llevará un premio de 500 euros.

Al torneo se presentó una familia neoyorquina, compuesta de los dos padres (de 38 y 40 años) y sus dos hijos, quienes, según relataron, comenzaron a armar rompecabezas desde los cuatro años. A pesar de que la familia norteamericana no quedó en las primeras posiciones, ellos han justificado su participación imponiéndose el reto de finalizar con un buen tiempo: “No seremos los primeros, pero tampoco los últimos”, concluyeron.

Los equipos españoles son los más numerosos. Han mostrado un gran talento y poderío ocupando importantes posiciones en la tabla. Este evento ha tenido una cobertura interesante. Los jueces y los concursantes transmiten un severo entusiasmo y un gran interés, contagiando a todos de su afición por armar rompecabezas y probando, al mismo tiempo, que es una actividad que podría considerarse un deporte.

Primer Campeonato Mundial de Puzzles

Ciudad de México, 28 de septiembre de 2019. – La competencia ha comenzado. Cientos de puzzleros (armadores de rompecabezas) de varios países se han dado cita en la ciudad de Valladolid, España, para el Primer Campeonato Mundial de Puzzles organizado por la World Jigsaw Puzzle Federation y Ravensburger, la editorial de rompecabezas más importante del mundo. Los equipos se encuentran compitiendo en tres categorías contrarreloj en las que se esfuerzan por demostrar su destreza, paciencia y, sobre todo, su máximo nivel concentración. La primera prueba consiste en armar cuatro rompecabezas de 1000 y 1500 piezas en un plazo máximo de 8 horas. La segunda, por parejas, en armar uno inédito de 500 piezas en 90 minutos, y, la última, individualmente, en un rompecabezas inédito de 500 piezas en menos de 2 horas.

El equipo mexicano está bien representado por Gloria Quintero Durán, Cuauhtémoc Guzmán Barrios, Iván Horta Alonso, Juan Gerardo Medina Macías y Berenice Morales Cabrera; todos ellos talentosos y experimentados puzzleros.

Durante la primera prueba, los equipos debieron armar 4 rompecabezas complejos y desafiantes de Ravensburger: Hitos del mundo y Aventuras en la selva, ambos de 1000 piezas; y Mundo salvaje y 99 cosas bellas en rojo, de 1500 cada uno.

 

La primera escuela de sordomudos en México

El profesor francés Eduardo Adolfo Huet Merlo, quien impulsó la educación para niños con problemas de mutismo y sordera tanto en Francia como en Brasil, arribó a México a principios de 1866 por invitación de Benito Juárez para que instituyera una escuela de sordomudos.

A pesar de que México se encontraba entonces gobernado por el Segundo Imperio, dicha empresa pudo concretarse gracias al apoyo del filántropo mexicano José Urbano Fonseca, quien fuera ministro de Justicia y de Relaciones Exteriores durante el gobierno de Mariano Arista, pues influyó en don Ignacio Trigueros –importante impulsor de la educación inclusiva–, y en la municipalidad para que se financiara la institución, la cual, finalmente, se estableció en la sede provisoria del antiguo Colegio de San Juan de Letrán ese mismo año.

El proyecto de Eduardo Huet y José Trigueros inició únicamente con tres alumnos, mismos que estuvieron a cargo del maestro francés. El 16 de diciembre de 1866, los pequeños pupilos presentaron su primer examen, hecho sobre el que el Diario del Imperio publicó:

El domingo pasado hemos tenido el gusto de saber que en México existe tan importante institución, y de presenciar los exámenes de tres niños sordomudos, de familias pobres, que en siete meses han aprendido el alfabeto, a escribir y que comprenden el idioma de señas de su interesante profesor D. Eduardo Huet, también sordomudo, el cual, por ser francés, tiene el doble mérito de haber enseñado a los niños en español, que escriben con perfecta ortografía.

Un año después, tras la caída del Imperio y con el proyecto de Restauración republicana, Benito Juárez instauró la Ley Orgánica de Instrucción Pública, la cual propició la creación de la Escuela Nacional Preparatoria a través de Gabino Barreda, y de la Escuela Nacional de Sordomudos, dirigida por su fundador Eduardo Huet, estableciéndose en el ex Convento de las capuchinas de Corpus Christi. De esta manera, la Escuela de Sordomudos contó con un plan de estudios oficial: 1) Lengua española, escrita, expresada por medio del alfabeto manual y pronunciado; 2) Aritmética; 3) Teneduría de libros; 4) Catecismo; 5) Geografía; 6) Historia; 7) Historia natural; 8) Horticultura; y 9) Trabajos manuales de bordado para niñas.

Desde entonces, en México se han gestado importantes reformas en favor de la inclusión educativa. Sin embargo, aún deben redoblarse los esfuerzos a través de cambios sociales que permitan la inclusión de las personas sordomudas en estratos cada vez más amplios y significativos. Tal vez, en un futuro, la lengua de señas llegue a ser una materia obligatoria en las escuelas elementales. Aquello sería un gran avance, tanto moral como intelectual en nuestra sociedad.

Los Emulantes. Niños y niñas en la Guerra de Independencia

Los rostros de la Guerra de Independencia suelen ser los mismos: don Miguel Hidalgo, José María Morelos, Ignacio Allende, Josefa Ortiz de Domínguez o Juan Aldama. Pero la victoria de la lucha armada no sólo se debió a las pericias de estos afamados héroes nacionales, sino que estuvo sostenida principalmente por miles de soldados anónimos cuyas hazañas, sin embargo, han pasado desapercibidas en la memoria de nuestro país. Muchos de esos soldados anónimos fueron, además de comerciantes y campesinos, niños y niñas que se vieron obligados, por diversas circunstancias, a unirse a las filas insurgentes.

Fue así como se creó, durante los primeros años del Movimiento de Independencia, la Compañía de Niños del Ejército Americano, llamada por José María Morelos como el grupo de Los Emulantes (que emulaban o imitaban la gallardía de los adultos más destacados de la gesta). Este grupo sin experiencia bélica, pero con mucho ímpetu, estaba conformado por niños de entre 8 y 16 años que podían sostener un rifle y mantener los ideales enclavados en el futuro de la nación emergente.

Los Emulantes fueron dirigidos por Juan Nepomuceno Almonte, el hijo de 8 años del mismísimo “Siervo de la Nación”, y quien peleó al lado de personajes que serían imprescindibles en nuestra historia patria como Martín Carrera, con 9 años; Mariano Arista, con 11 años y Narciso Mendoza, el “Niño artillero”, con 12 años.

Este último protagonizó una de las hazañas más memorables del grupo de niños militares. Durante el sitio de Cuautla en febrero de 1812, las huestes del comandante Félix Calleja cercaron al Ejército Insurgente comandado por Morelos. Ante los fieros ataques de los realistas, los independentistas creyeron perder el sitio de Cuautla, por lo que comenzaron a retirarse. Sin embargo, Narciso Mendoza, abriéndose paso entre los beligerantes y las balas con una antorcha en mano, logró disparar uno de los cañones causando considerables bajas entre los hombres de Calleja y ocasionando su eventual retirada. Gracias a esto, Morelos pudo entrever la posibilidad de realizar un avance significativo hacia la Ciudad de México y asestar un golpe trascendental en favor de la Independencia.

Mientras los niños se atrincheraban en los páramos sitiados por el ejército realista, las niñas también jugaron un papel crucial durante la guerra socorriendo a los heridos, cargando los víveres y procurando las atenciones necesarias a los soldados para que pudieran seguir luchando. Las más de las veces, fungían como voceras y mensajeras, dando muestras de astucia y un valor inestimable para cumplir con los objetivos de la lucha de independencia.

Así, en el mes patrio, recordemos y gritemos vivas por los niños y las niñas que, viéndose arrastrados a una lucha ajena, pelearon valientemente para que el día de hoy pudiéramos disfrutar de un país libre.

El primer rompecabezas moderno

¿Alguna vez te has preguntado cómo fue el primer rompecabezas de la historia? Nosotros nos hemos figurado que las primeras personas en romperse la cabeza fueron quienes desarmaron algo y luego no supieron cómo volver a armarlo. Resulta divertido imaginar a alguien tratando de embonar, sin éxito, las piezas de una silla o de una carreta.

Sin embargo, los rompecabezas, tal como los conocemos hoy en día, se atribuyen al ingenio del cartógrafo y grabador británico John Spilsbury, quien, en su tiempo libre, tuvo la ocurrencia de seccionar un mapa recortando los países sobre sus líneas fronterizas y pegar los fragmentos en piezas de madera. Spilsbury llamó a su invento “mapas diseccionados”, ideales para que los niños aprendieran geografía de manera divertida.

Otra versión de la historia cuenta que la institutriz de los hijos del rey Jorge III, Lady Charlotte Finch, fue quien ideó originalmente el concepto y le pidió a Spilsbury que fabricara el mapa. Su idea era básicamente mantener entretenidos a los príncipes británicos. ¡Vaya diversión principesca!