Un rompecabezas al mes

Hay personas que pasan tiempo de calidad en familia frente a la televisión. Podríamos decir que eso tiene algo de positivo, porque llevan a cabo una actividad en conjunto de la que cada uno puede opinar y enriquecer sus ideas. Por otro lado, hay quienes realizan actividades deportivas en familia: corren, juegan futbol o, simplemente, acuden a eventos deportivos, enriqueciendo, de esta manera, su acervo cultural.

¿Pero qué pasa cuando llueve a cántaros y es imposible salir de casa o cuando, simplemente, buscamos una distracción más estimulante? Hay un sinfín de alternativas que permiten la distracción, la diversión y, al mismo tiempo, la integración familiar. Una de ellas –y tal vez de las más completas– es armar rompecabezas, pues fomenta la unión de los miembros de la familia y el trabajo en equipo, así como el ejercicio cognoscitivo tan necesario a cualquier edad. Asimismo, esta actividad establece un objetivo en común y su cumplimiento da una gran satisfacción colectiva que nos ayuda a perfeccionar nuestros valores.

Armar un rompecabezas al mes es la actividad ideal para divertirse y aprender en familia.

Los niños y el empequeñecimiento del mundo

Es indudable que la tecnología se ha convertido en una herramienta necesaria para nuestras labores cotidianas. Ahora mismo es difícil imaginarnos la vida sin el auxilio que nos ofrece, por ejemplo, un teléfono celular. Sin embargo, al mismo tiempo la tecnología ha propiciado que confundamos el mundo digital con el mundo real, cambiando así las amenas y constructivas charlas familiares por las vagas e impersonales conversaciones en las redes sociales.

Pero si para los adultos la enajenación tecnológica supone un grave problema en sus relaciones sociales y familiares, para los niños es todavía más perjudicial, ya que no sólo compromete su adaptabilidad social y sus destrezas fisiológicas e intelectuales, sino que, además, hace de su mundo un lugar extremadamente pequeño. Cuando un niño pasa horas inclinado sobre una pantalla apenas más grande que su mano, deja de asombrarse por lo que hay fuera de ella: esa realidad que, indudablemente, es abismalmente más extensa e impresionante.

El correcto desarrollo de los niños depende de su interacción directa con el mundo, de las experiencias y las aventuras que viven en él. Sólo a través del juego su creatividad gana dimensiones tan vastas como el universo. Por eso, la imaginación de un niño no debe caber en la palma de su mano; debe extenderse incluso más allá de lo que nosotros podemos concebir.

Imaginación libre